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1 - La escuela que he vivido: como maestro y como alumno.
Miguel Sáenz
miguel@alhaurin.com
LA ESCUELA QUE HE VIVIDO COMO ALUMNO
Nací a mitad del siglo XX (1949) en un pueblecito del interior de la provincia
de Málaga, Villanueva de Algaidas, conocida por la “Rincona” por las gentes de
los alrededores.
Los primeros y difusos recuerdos que tengo de la escuela son de la edad
infantil. En una clase de párvulos, supongo, donde había muchos niños y niñas, y
cuya maestra se llamaba Doña María. Allí, me llevaba una hermana mia que tenía 2
años más que yo. Y no recuerdo nada más que llevábamos cada niño una sillita de
madera y asiento de aneas para sentarnos y que nosotros sólo la usábamos para
arrastrarla por toda la clase como un coche o una carretilla. En un rincón de la
clase había una puerta que daba a la habitación oscura o a un huevo de la
escalera donde encerraban a los malos. No sé si esto era cierto o una fantasía
infantil. Creo que estuve por allí poco tiempo porque aquello me pareció que
sólo era para entretenernos o para estar como en una guardería.
La escuela de verdad era otra cosa y tendría que llegar muy pronto..
A los 6 años ya estaba en la Escuela, en una escuela particular. Era una casa
normal donde el maestro de pago, que había sido fraile, daba clase a más de 50
niños entre 6 y 15 años por lo menos o más... Allí iban los niños que lo podían
pagar, o los que pagaban en especie como mi padre, que como era carpintero
pagaba haciéndole al maestro mesas y bancos para la escuela..
Entrábamos más o menos a las 9. A mitad de mañana hacíamos un recreo, y nos
íbamos a la calle, a donde queríamos o a jugar al fútbol detrás de unos
callejones , a jugar a las bolas en la misma calle que era de tierra o a nuestra
casa a tomar algo si teníamos hambre.. Volviamos a seguir las tareas hasta la
hora de almorzar. Algunos niños que venían del campo se traían la comida en una
taleguilla y comían en la misma escuela. Por la tarde seguíamos hasta el
anochecer, según la época del año.
Una tarde a la semana teníamos libre, creo que era el jueves, y cuando al
maestro se le ocurría teníamos una excursión al campo, donde pasábamos todo el
día.
Allí empecé a hacer palotes, mancharme de tinta y recibir coscorrones del
maestro, que con una larga y fina vara de olivo mantenía la disciplina y el
nivel de charloteo de tanto niño para que se pudiera trabajar...
Y aprendí mucho, claro que aprendí. A leer y a escribir. Y aprendíamos de
memoria las lecciones de la enciclopedia Dalmau Charles (creo que eso es lo que
ponía en las gruesas pastas de cartón del libro) Se superaba el primer grado y
se pasaba al segundo..
Las lecciones nos la preguntaba en corro
En escritura hacíamos dictado colectivo diario que nos dictaba el maestro, y una
redacción semanal sobre un tema que nos mandaba el maestro.
En matemáticas nos ponía unas cuentas en un cuaderno que cuando terminábamos nos
corregía el maestro uno a uno. Y allí permanecíamos hasta que terminábamos las
tareas y eran corregidas manchándose cada uno cuando terminaba según su ritmo de
trabajo o las ganas de trabajar ese día.
Hace poco tiempo que mi madre me entregó un montón de cuadernos que celosamente
guardaba de aquella época. No podéis imaginaros la emoción al abrir y hojear las
páginas de aquellos cuadernos y ver aquellos dictados, aquellas redacciones,
aquellas cuentas, que ocupaban hasta las tapas de las libretas y las
contraportadas. ¡Que manera de aprovechar el papel!
Entre ellas encontré una redacción titulada ”La vida de cara o a espaldas de los
libros”, que no tiene desperdicio por lo bien que refleja la mentalidad, la
filosofía y los valores que se respiraban en aquella época, y que no he podido
dejar de transcribirla a continuación. Y lo voy a hacer respetando las faltas de
ortografía para que conozcáis la realidad.
“Esto quiere decir como es la vida del hombre que estudia y el que no estudia,
El hombre que ha estudiado cuando niño, el maestro se interesa por el y hace
todo lo posible por que luego en los ensamenes salga aprobado, para estudiar hay
que tener voluntad, porque si un dia se sabe uno la lección y al otro dia no se
la sabe, no ha hecho nada, hay que estudiar, un dia tras dia y todos los dias,
sabiendote la lección, esto cuesta mucho trabajo, y hay pocos que hagan eso,
pero nadie sabe lo que le puede traer el estudio, si lo supieramos, estudiabamos.,
Luego cuando llega los examenes, unos salen cateados, y otros salen aprovados,
estos en menor numero. Los colegios nacionales, todos los años dan becas, entre
los muchachos de mejores notas, uno de ellos puede ser unos de nosotros, si
estudiamos. Luego en el Coleligio hay que estudiar mas, pero siguiendo como
antes, luego llegaran la examenes y los catedraticos se daran cuenca del mejor
muchacho. Este puede mandarlo a una Universidad donde puede estudiar uno la
carrera que quiera, (abogado arquitecto perito ) o lo que quiera uno, o bien
tambiem a un colegio mayor donde pueda estudiar, un oficio para cuando salga del
colegio, colocarse en cualquier fabrica, si el que sepa mas, pues manda mas y
gana mucho mas, con esto puede tener un porvenir, cuando este uno colocado,
dice, “a que le debo yo esto” el dira, al estudio, es verdad lo nos decía el
maestro cuando niños, estudiar porque estudiando se encuentra un porvenir.
Tambien puede llegar, a tener una carrera, y esto es mucho mejor, pues un
abogado no hace nada y gana mucho dinero, tambien uno cuando va al servicio,
sabiendo, puede llegar a cabo o Sargento, segun uno pueda, y tambien cuando
llege alli sabiendo, lo pueden meter en una oficina, pero el que no sepa nada,
incluso leer, lo manda a la cosina, a barrer y fregar, limpiar, o lo que
quieran. Llegando a Sargento o Cabo, sabiendo se pueden presentar delante de un
superior y el lo admirara por este puede llegar a otro mando mayor, puede tener
muchos amigos.
Pero en cambio el hombre que cuando niño no ha visto un libro este no llegara a
ningun sitio, algunos porque no quieren estudiar, otros porque no han visto un
maestro, estos seran unos desgraciados.”
Eso lo escribía un niño de 10 años por los años 60.
Pero sigamos.
Cuando llegaba el mes de mayo, como el maestro era muy religioso, hacíamos un
altar a la virgen y le traíamos flores todos los días, y hacíamos el mes de
mayo: parábamos las tareas, y rezábamos y cantábamos a la virgen.
A pesar de eso, el catecismo se aprendía en la Iglesia. Allí íbamos una vez a la
semana y el aprendizaje consistía en una serie de preguntas y respuestas que
teníamos que aprender de memoria, al pie de la letra. Y cuando ya lo sabíamos se
hacía un certamen para ver no sólo quien contestaba de memoria a todas las
preguntas sino quien las decía más rápido.
Allí estuve hasta los 10 años, edad a la que nos preparaban para hacer el
ingreso a bachiller. Era una prueba, que se hacía de forma escrita y oral, en el
Instituto más cercano, que en mi caso era en Antequera, a unos 20 kms. de mi
pueblo.
Una vez superada esta prueba se empezaba el bachillerato, cuyos exámenes se
hacían por libre en el Instituto de Antequera.
Cada curso nos compraban o nos prestaban los libros y nos preparábamos en la
misma escuela y con el mismo maestro, y la novedad era que ya estábamos juntos
los niños y las niñas y empezaban las parejitas, los amores imposibles y las
relaciones con el otro sexo con toda la pureza e ingenuidad de aquella época.
Así llegué hasta tercero, no sin la ayuda de otros estudiantes mayores hijos de
padres ricos que estudiaban en internados de curas y que en vacaciones nos daban
clases particulares, ya que al maestro le faltaban esos conocimientos. Por eso
siempre íbamos a examinarnos al Instituto de Antequera en las convocatorias de
Junio y Septiembre. Aquellas fechas eran para nosotros un día de excursión,
donde íbamos juntos en el autobús, comíamos en un restaurante y además nos
examinábamos.
Y entonces ocurrió lo que tenía que pasar. El maestro llamó a mi padre y le dijo
que ya no podía seguir en la escuela porque él ya no podía enseñarme más...
Así que al curso siguiente ya sabía lo que me esperaba: a la carpintería de mi
padre, a aprender el oficio y seguir la tradición familiar. En ella trabajaban
los 4 hermanos, que a habían sido enseñados por mi abuelo que también fue
carpintero y donde ya estaban 2 primos míos de aprendices.
Pero apareció la Iglesia. La única posibilidad para estudiar en aquella época
para los hijos de los pobres era que te llevaran al Seminario.
Y esto fue lo que me pasó a mi por una serie de circunstancias tuve la suerte de
poder seguir estudiando en un internado con los Salesianos, pero esa es otra
historia.
A partir de aquí siguió mi formación como maestro, y acabé en la escuela. Esta
sería la segunda parte de este tema: la escuela que he tenido como maestro, más
bien las escuelas, porque todos los maestros tenemos en nuestro historial un
conjunto de destinos que marcan nuestro peregrinaje por esta rica y variedad
realidad que es la escuela.
LA ESCUELA QUE HE VIVIDO COMO MAESTRO
Introducción:
Se trata de exponer en breves pinceladas 25 años de escuela. Hacer un recorrido
rápido por estos años, por esas escuela por las que pasé y señalar aquellos
acontecimientos significativos que fueron marcando el rumbo y el camino en esta
apasionante tarea que ha sido la escuela en mi vida.
Sobre todo recalcando la lucha concreta que en cada momento sostuve como base
para ir haciendo la escuela que quería hacer.
Palma del Río:
Empecé de maestro por los años 70, en la enseñanza privada religiosa. Era
entonces salesiano donde me formé y me hice maestro. La pedagogía salesiana
había sido mi formadora y sus principios me habían conquistado y entusiasmado
para toda la vida.
Mi primer curso fue un segundo con 42 niños en plena reforma de Villar Palasi,
el ministro de las “bolas” (como jocosamente le decíamos, porque había que tener
“bolas” para iniciar una reforma que en España no se arremetía desde los años
30).
Eran los años de los famosos libros de fichas y los dichosos conjuntos, que
nunca entendí para qué servían, pero nos dió una oportunidad de desarrollar las
ideas de una escuela activa, creativa que valoraba las actividades lúdicas, la
plástica, el teatro, el juego, la música, todo lo que había asimilado en la
pedagogía salesiana. Y no olvidemos la “evaluación continua”. Por fin podíamos
acabar con las calificaciones y la competitividad. Empezaba una nueva etapa: la
EGB.
Linares:
Tras un largo paréntesis de estudios teológicos y pedagógicos, volví con mi
flamante título de licenciado en pedagogía especialidad en orientación, cayendo
en picado desde las ideas teóricas pedagógicas a la escuela práctica.
Ya estaba la privada subvencionada y el profesorado de los colegios religiosos
eran casi totalmente laico al servicio de la titularidad religiosa.
Con la función directiva en mis manos tuve la oportunidad de hacer un escuela
según mis ideas con las limitaciones de la Administración Educativa por un lado
que seguía desarrollando la EGB con los consecuentes parches ( como por ejemplo
los Programas renovados, etc., etc…) y por el otro la Institución Salesiana que
frenaba el cambio y la desconfianza a cualquier proyecto más novedoso.
A pesar de ello, habiéndome ganado al profesorado con el que formamos un equipo
de verdad, logramos hacer una escuela realmente viva y eficiente. Fue importante
integrar a los padres con los que llegamos a formar una escuela de padres, y
lograr una Comunidad Educativa entre alumnos, padres y profesores.
Clic en la foto
Vuelta a Palma del Río
Pronto acabó la dicha para mi y un nuevo destino me hizo empezar de nuevo.
Empezábamos la década de los 80 y la Reforma estaba agotada. Había que adaptarla
a la incipiente democracia. Hacía falta un cambio que vino unos años después.
Para los que habíamos hecho una escuela viva, lúdica y creativa, no nos
importaba los decretos ni las leyes de la Administración. La escuela era para
nosotros un espacio donde podíamos seguir disfrutando y haciendo una escuela
para la vida y una vida en la escuela.
Salinas:
Entonces fue cuando di un nuevo salto, a la escuela Pública. Ante un conflicto
de poder y prestigio con la Institución Salesiana, opté por iniciar mi vida y
desarrollar mi trabajo como maestro en una humilde escuela pública.
Destinado a una barriada periférica de la capital de Málaga, en un módulo con 4
clasecitas, que dependíamos de otro colegio a 1 km. de distancia, y con niños
desde infantil a 5º de EGB, aquello era una unitaria rural en la misma capital.
¿Cómo era posible?
Aquella barriada era de gente muy humilde que había bajado a la capital desde el
interior buscando trabajo, que se habían autoconstruido sus viviendas, y que
apreciaban de verdad todo cuanto se hacía por ellos. Había un ambiente muy
familiar.. y luchábamos codo con codo con los padres para conseguir que aquella
barriada tuviera un colegio propio. Así que la lucha era por la independencia
con medidas de presión para que exigir la construcción de un colegio completo de
8 unidades. Y lo conseguimos, aunque estuvimos un curso entero sin patio porque
el único terreno que había era el patio actual, hasta que se terminó el colegio
y explanaron el solar contiguo para patios y zona deportiva.
Cuando lo conseguimos venían niños en transporte escolar de otras barriadas más
cerca de la capital, y le hacíamos la competencia a los colegios privados de la
zona.
Los MRPs:
Por aquellos años surgieron los MRPS. (Movimientos de Renovación Pedagógica) ,
donde grupos de profesores aunaban esfuerzos, compartían experiencias y
desarrollaban proyectos de autoformación que servían de alimento, ilusión para
llevarlos a su práctica escolar.
Los proyectos de innovación y las Reformas experimentales iniciaban su camino.
Había poco dinero pero mucha ilusión, esfuerzo y tesón en hacer una escuela
mejor. Se preparaba la LOGSE.
LOS RAMOS:
La llegada al siguiente destino fue previamente programada.. La idea de irnos a
un colegio de nueva construcción un grupo de profesores para llevar un Proyecto
Educativo de base era impensable y poco realizable de cara a la Administración,
pero lo intentamos.
No tuvimos más remedio que una vez en el Colegio y con el profesorado que había
pedido, presentarles la idea y si la aceptaban seguir adelante. Tuvimos suerte y
el profesorado aceptó de lleno el Proyecto que habíamos presentado.
Estábamos ya en la década de los 90, se iniciaba la LOGSE. Eran los años de los
Proyectos de Innovación, las actividades lúdicas, las aficiones libres. Radio
escolar, Periódico, Teatro, Cestería, Deportes, Cine, Informática, eran algunas
de las múltiples actividades que se realizaban dentro del horario escolar y
donde participaban todos los niños con la colaboración de profesores, prácticos,
padres y madres, monitores…
Y no paró la lucha. En estos años fue la lucha y la movida por la jornada
continuada. Ya ni nos acordamos pero fue costosa y larga. Y en concreto la lucha
por el traslado de un Cable de Alta tensión, ya que el colegio se había
construido junto a una Subestación Eléctrica. Lo cual consiguieron muchos años
después (12 años) y sólo el traslado por unos metros para ampliar la zona
recreativa y patios de deportes.
Y llegó la última batalla: la lucha contra mi oído. Llevaba 8 años arrastrando
una sordera con fuertes ruidos en los oídos pero no quería dejar la escuela.
Empecé acogiéndome al artículo 81 (no sé de qué Ley…) que me permitía seguir en
el Centro, sin clase, mandaban un sustituto y en contrapartida tenía que estar a
disposición de la Delegación.. Así estuve 2 cursos, de Jefe de Estudios, de
coordinador de múltiples proyectos y llevando a cabo actividades con grupos
pequeños, y también en la Delegación, que me llamaban con bastante frecuencia.
Así que me aburrieron.
La Reforma experimental no había servido de nada, las ayudas a Proyectos se
estaban acabando y la Reforma iba tomando otros derroteros. ¿Merecía la pena
esto?
La jubilación:
La opción a la jubilación se me presentaba cada vez más clara y a la
Administración le interesaba. Así que decidí dejar la escuela oficial para poder
dedicarme a seguir por la escuela que siempre había querido que fuera.
La jubilación me permitió dedicarme con más intensidad a los MRPS y a la
informática educativa, colaborando desde entonces en la escuela a implantar
estos nuevos medios de comunicación.
Hasta aquí un resumen de la escuela que he vivido. Espero contar y reflexionar
sobre las experiencias concretas de tantos años a lo largo del desarrollo de los
siguientes temas más específicos. |