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18 - La evaluación "para todos-as"
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Correo electrónico:
cgomezmayorga@hotmail.com
Ciudad y colegio:
Evaluar es comprender para
mejorar.
Cristóbal Gómez Mayorga
Un
semáforo perverso

“La educación Infantil tiene por finalidad contribuir al
desarrollo de todas las capacidades de los niños y niñas”. “La evaluación en
Educación Infantil pretende señalar el grado en que se van desarrollando las
diferentes capacidades...”.
“La valoración del proceso de aprendizaje se expresará en
términos cualitativos,...” (ORDEN 1
febrero 1993 sobre evaluación en Educación Infantil)
En Educación
Infantil se pretende que la evaluación sea cualitativa, que explique cómo va
desarrollándose las capacidades de cada cual, pero vemos, con demasiada
frecuencia, los informes de evaluación de los pequeños como un conjunto de
conductas en las que aparece coloreado en un semáforo, en rojo o verde, si las
conductas han sido conseguidas o no. Estos informes de evaluación son percibidos
por las familias, lógicamente, de forma cuantitativa: “mi hijo tiene tres
rojos”, “mi hija tiene más verdes”. En otras ocasiones los colores son
sustituidos por “Mejora adecuadamente” o “Necesita mejorar”, en un intento de
poner palabras donde sólo hay posibilidades de poner dos criterios, bien o mal.
No creemos que la educación de cada niño y niña pueda reducirse a un sistema
binario de posibilidades, como si de un circuito electrónico se tratara.
No
podemos evaluar lo complejo con instrumentos simples, ya que lo cualitativo se
vuelve cuantitativo con evaluaciones que simplifica la riqueza del
comportamiento humano. Lo importante no es saber si alguien tiene o no adquirida
una conducta sino especificar el grado de desarrollo que va adquiriendo, sus
dificultades, cómo podemos ayudarle a mejorar, qué problemas le
genera sus déficit, cuáles son
los logros, qué debemos cambiar en nuestras actuaciones para mejorar.
La escuela ha heredado una
concepción estadística, que pervierte notablemente la evaluación del alumnado.
La representación gráfica en la que un conjunto de alumnos es normal, un pequeño
grupo está por debajo de la norma y otro pequeño grupo por encima de lo normal,
acaba forzando al grupo a comportarse de esta forma. Proponemos cambiar la
cultura escolar mediante una concepción madurativa de la evaluación, en la que
cada cual, a lo largo de su historia personal y en relación con los demás va
desarrollando y mejorando sus capacidades.
Concepción
estadística
Concepción madurativa
Evaluar para
mejorar
Como reza el
título de un libro de Miguel Ángel Santos Guerra(1998), Evaluar es comprender y,
en Educación Infantil, evaluar es comprender a los niños y niñas para ayudarles
a mejorar en su proceso educativo.
Evaluar es
comprender qué se juega en las relaciones con los iguales: sus celos, riñas,
aislamientos, capacidad de frustración, limitación de deseos,...; comprender
cómo se manifiestan los conflictos en estas edades; indagar sobre el particular
modo de aprender de cada cual; comprender el laberíntico camino que describen
sus aprendizajes, sus relaciones, su autonomía, su pensamiento, sus emociones,
sus sentimientos.
Evaluar es
comprender qué sucede en el periodo de adaptación al Centro Escolar, en ese
tránsito de la casa a la primera institución social. La llegada al colegio por
primera vez está llena de pérdidas y ganancia y hay que saber cómo lo vive cada
cual para ayudarles a superarlo, organizando actividades de tránsito, generando
dinámicas afectivas que den seguridad, creando espacios atrayentes que mitiguen
la pérdida temporal de la familia.
Evaluar es
comprender qué le pasa a una chica de mi clase cuando no atiende las
explicaciones. Quizás, al nacerle su hermano demasiado pronto, ha tenido que
hacerse mayor de golpe, sin estar aún preparada. Se hace necesario apoyarla en
esos momentos de debilidad, tener paciencia, ayudarle a resituarse en la
familia, a buscar un lugar importante y único en el que se encuentre querida.
Evaluar es
comprender por qué un alumno extranjero de mi aula no habla en la asamblea,
posee déficit de atención y necesita moverse continuamente. Quizás, al vivir a
caballo entre su país de origen y España, no acaba de echar raíces en ningún
sitio. Es posible que necesite tiempo para aclararse de dónde es.
Evaluar es
comprender el sufrimiento de una alumna que está siempre en la cocinita y nunca
tiene ganas de hacer el libro. Las continuas peleas de sus padres paralizan sus
neuronas y necesita diariamente acunar a un muñeco para relajarse o jugar a ser
una enferma que los demás curan mediante el juego simbólico.
Evaluar es
comprender por qué a un chico muy inteligente de mi aula se le mueve todo el
cuerpo sin que repare en ello. No es solución castigar lo que ni él mismo
controla. Y es que no tuvo en su momento la lenta mirada de una madre que con su
arrullo relajara su cuerpo. Y podemos ayudarlo dándole espacios y tiempos para
que se mueva y creándole un nuevo lecho emocional en la casa y el colegio para
que se sosiegue.
Evaluar es
comprender que alguien pueda poseer un elevado nivel lógico y matemático pero
manifiesta la emoción de un bebé de dos años. Y debemos ayudarle a madurar y
controlar sus sentimientos sin exigencias excesivas, valorando sus logros.
Evaluar es
comprender a una chica insegura que siempre hace lo que hace la amiga de turno,
porque los gritos y descalificaciones constantes de su madre no le ha dado la
seguridad suficiente para nadar en soledad; y debemos esforzarnos en valorar
todo lo que hace para que vaya cogiendo confianza en sí misma.
Evaluar es
comprender el alma errática de un inmigrante que vive con un familiar a la que
llama mamá porque lo trajo de su país cuando se casó con un señor de aquí, al
que debe llamar papá, pero tiene otro padre y otra madre y un montón de hermanos
en el otro continente a los que hace tres años que no ve, y no comprende nada. Y
debemos ayudarle a componer el puzzle emocional de su familia, mientras aprende
a escribir “mamá”.
Evaluar es
comprender por qué la más pequeña del aula está todo el día haciendo libro y
preguntando al maestro constantemente con tareas escolares; y no es porque sea
una chica muy aplicada sino porque necesita un padre que sea cariñoso con su
madre y el maestro parece un buen candidato, y busca estrategias para estar el
máximo tiempo cerca de él, agradándole y demandando cariño.
Evaluar es
comprender a un chico muy inmaduro que evita toda tarea escolar, porque le es
imposible dejar huellas en un papel porque sus padres no han tenido tiempo de
dejar huellas de caricias en su cuerpo al estar muy ocupados con el trabajo.
Evaluar es
comprender el mutismo de un chico que tuve hace tiempo y cómo dejó de hablar sin
ninguna justificación aparente cuando su madre desapareció de su vista durante
varios días al cumplir los 2 años. Y es que fue al hospital con otro hermano que
había tenido un accidente y se sintió abandonado. Y se hacía necesario elaborar
esa herida en su mente, mediante el juego y el dibujo, hasta que un día decidió
que podía hablar. Y dejamos de darle logopedia y demás bricolaje de la boca
porque un buen diagnóstico no apuntaba sobre déficit fisiológico sino emocional.
Evaluar es
comprender por qué un alumno líder de la clase es tan querido por todos, y
sobretodo por todas. Y es que un niño muy amado y valorado por su familia
muestra una seguridad en sí mismo que atrae a todo el que se le arrima.
Evaluar es
comprender cómo a pesar de que en el aula se trabaja las mismas actividades hay
niños y niñas que aprenden más rápidos que otros o que aprenden cosas
diferentes. Y es que el medio social es muy determinante. Es por ello que
intentamos crear en clase un ambiente cultural del que se impregnen cada día,
sobretodo los que no tienen esa posibilidad en sus casas.
Evaluar es
comprender que los niños y niñas son seres reflexivos y activos en sus
aprendizajes, y es necesario crear espacios y tiempos en los que ellos elijan
trabajar sus deseos, necesidades e intereses de forma voluntaria.
Evaluar es
comprendernos a nosotros adultos y saber mirarnos en nuestro papel de
educadores, y detectar por qué gritamos a unos y tenemos paciencias con otros,
por qué somos comprensivos unos días y otros somos demasiados exigentes, por qué
tenemos tantos miedos a los padres cuando ellos también están cargados de miedos
e inseguridad ante el reto de la educación. Y es que educamos con lo que somos y
no con lo que sabemos.
Evaluar es
comprender que los niños y niñas tienen diferentes niveles de maduración,
diferentes estilos cognitivos, distintas relaciones afectivas y personalidades,
vienen de diferentes contextos culturales, etc.; por tanto, no todos aprenden a
la vez las mismas cosas. Es necesario respetar los ritmos y características
personales de cada cual. El medio sociocultural es muy determinante. Si exigimos
a todos un mismo nivel estamos marginando a los menos favorecidos.
Evaluar, en suma, no es la cuantificación
objetiva mediante técnicas perfectas de las capacidades de cada uno, sino la
toma de conciencia de lo que hacemos, de nuestras capacidades, de nuestras
carencias, de nuestra singularidad, de nuestras posibilidades, de nuestros
deseos, de nuestra identidad,... para poder mejorar como persona y como
comunidad educativa.
Bibliografía:
SANTOS GUERRA, Miguel Ángel: Evaluar es
comprender. Ed. Magisterio del Rió de la Plata. Buenos Aires, 1998.
GÓMEZ MAYORGA, Cristóbal: Atando
sentimientos con palabras. Publicaciones M.C.E.P. Sevilla, 2004.
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